Mientras esperamos encontrar alguna normalidad nueva, recordar la felicidad y la celebración es una buena manera proyectar. Pensar y sentir, como Jessica, que la bienal es una fiesta, nos llena de expectativas para 2021.
Los dejamos con la séptima de las reflexiones sobre la bienal, esta vez con Jessica Morillo, ganadora del Primer Premio de la I Bienal Latinoamericana de Joyería Contemporánea «Puentes».

La bienal, ¡¡una fiesta!!

Por Jessica Morillo

(Esta nota me tocó escribirla antes de empezar la cuarentena y claramente tenía otro tono. Entre idas y vueltas me demoré en enviarla y nos sobrevino el covit, la pandemia y la vida nos cambió a todes. Así que me negué a mandar lo ya había escrito y ¡me senté a escribir de nuevo!)

Justamente este tiempo de aparente pausa me llevó a rememorar esos encuentros tan necesarios que nos abrazan en la bienal.
¡Cada vez que pienso en la bienal se me instala la idea de fiesta!
Al prepararme para una fiesta pienso con quién me voy a encontrar, qué ropa voy a usar, la música que van a pasar y las ganas enormes de bailar todo; entonces, esa relación me provoca la bienal: emoción, nervios y alegría de encontrarme con gente querida que fui conociendo en esta vida joyeril y con quienes gratamente pudimos tejer vínculos afectivos y joyeriles.

Eso tiene la bienal, no sólo genera un espacio de formación, exposición, difusión y visibilidad, también gestiona vínculos, una enorme cadena que va creciendo, nos invita a crecer con lo que producimos y, creo, inevitablemente con lo que somos.
Cada bienal nos invita a mirar más y mejor este término que nos da vuelta, nos atraviesa y nos enamora a muchxs. Para mí la joyería contemporánea es un espacio abierto, de diálogos, peleas, cruces, puntos de intercambio. Presume con la artesanía, el diseño y las artes visuales, habita en el cuerpo y lo desborda, pero también puede irrumpir en el espacio público, desarmarse en el aire o ser la potencia de una idea.

Me encanta pensarla así y cada bienal, cada encuentro, me va dando más posibilidades de habitarla, de trasladarme al mundo interno que nos muestra cada pieza, la cabeza, las manos y el corazón de cada hacedor joyeril.

La bienal como todas las fiestas te deja con resaca, esa resaca de haber bailado tanto ¡que al otro día el cuerpo te lo hace sentir!
Y sí… también sucede en este plano, a mí me gusta decir que me deja una resaca creativa, reflexiva, me dan más ganas de seguir bailando porque aprendí más, porque siempre hay más para construir entre lo tangible e intangible.

Les invito a que se sumen a este baile joyeril, que se animen a lanzarse a la pista de los concursos y las exposiciones. Puedo garantizar que provocan vértigo, nadie sale ileso, nadie que no haya dejado todo en cada pieza.
¡Salud!