Art Jewelry Forum publicó una entrevista a Jorge Castañón realizada por Alicia Giráldez, a propósito de su exposición Gestos, Reparaciones y otras Emergencias, en Jewelers’Werk Galerie, Washington, DC, USA
Compartimos con ustedes la versión en español.
Jorge Castañón: Gestos, Reparaciones y otras Emergencias
Jewelers’Werk Galerie, Washington, DC, USA –

 

Jorge Castañón es actualmente un joyero argentino de obligada referencia, con una doble trayectoria como maestro del oficio y como joyero individual, que se ha deslizado desde un planteamiento más tradicional del oficio al ámbito experimental de la joyería contemporánea.

En 1990 fundó el Taller “La Nave” en Buenos Aires: un espacio dedicado a la joyería, basado en la necesidad de compartir conocimientos técnicos, experimentación alternativa y búsqueda del propio lenguaje artístico y que se ha convertido en una referencia importante como taller colectivo y experimental. También desarrolla una intensa actividad formativa impartiendo talleres y ponencias en estudios artísticos y escuelas de joyería.

Recientemente su trabajo ha recibido una creciente atención internacional: en 2011 y 2015 fue seleccionado para Schmuck y después de la edición 2015 tres de sus piezas fueron incorporadas a la colección de Pinakotheck Der Moderne.

AJF charla con él pocos días después de la inauguración de su exposición en Jewelerswerk en Washington.

Alicia Giráldez: Mientras estudiabas Ciencias Biológicas iniciaste tu formación en joyería y en otras disciplinas como escultura y cincelado. ¿Nos podrías comentar la conexión entre aquellos intereses iniciales y tu trabajo actual? ¿En qué aspectos existe continuidad?

Jorge Castañón: Tanto en la ciencia como en la joyería hubo un denominador común que podría sintetizarse en el deseo profundo de investigar y comunicar. La joyería triunfó finalmente en el transcurso de los años y se convirtió en un espacio de creación en libertad y de poder reflexionar en voz alta sobre qué clase de mundo quiero ayudar a construir.

En cierto momento, pasaste de realizar tus piezas principalmente en metal a utilizar la madera como material protagonista. Cuéntanos un poco el proceso emocional que después de leer “Alicia en el país de las Maravillas” te hizo exclamar: “¡Y entonces sentí una necesidad desesperada de hacer algún tipo de madriguera!” y que te llevo a realizar “Las Madrigueras”, tus primeras piezas en madera. ¿Qué significó este cambio para ti?

Jorge Castañón: Ese cambio fue hasta sorpresivo para mí. Tenía algunos pedazos de madera no muy grandes, algunos recolectados, y otros que había recibido de regalo, como curiosidad, y que nunca había utilizado en mi joyería. Había experimentado mucho tiempo con técnicas y combinaciones de metales, en aquel momento parecía que ese era el camino acertado.

Pero faltando pocos días para la inauguración de la muestra “Alicia…” comencé a sentir la incomodidad de que no estaba el trabajo terminado, algo faltaba, una pieza. Enseguida me di cuenta de que la solución no estaba encima de mi banco de joyero, ni al costado, ni atrás. Encontré mi caja de maderas y separé tres pequeños pedazos, una rodaja de itín, una madera muy dura de Argentina, que me había regalado Alejandra Agustí, alumna mía; un pedazo de eucalipto recolectado en Uruguay y un trozo de ébano de descarte de un lutier.

Comencé a construir esas madrigueras, que definían un espacio interior, fondo oscuro donde no se veía el final, donde podían habitar la duda, el no entender por dónde seguir.

Lo que recién entendí pasados los días es que no iba a volver a tener como material central al metal, que el cambio y la experiencia con esas tres maderas era casi irreversible.

¿Cuáles fueron las características técnicas, emocionales y/o conceptuales de la madera que te interesaron tanto en aquel momento?

Jorge Castañón: Técnicamente me fui convirtiendo en una mezcla entre joyero y carpintero, tuve que repensar mecanismos de conexión, técnicas de ensamble, todo era nuevamente espacio para la curiosidad científica. La relación con el tacto y con todos los sentidos en general era asombrosa, muy instintiva, primitiva y animal en cierto modo. La Madera me ayudó a que el corazón y el alma se colocaran bien delante del cerebro, pero éste siempre está presente.

Después de ese cambio radical que de algún modo “sucedió” provocado por Lewis Carol, ¿qué fue lo que descubriste en Las Madrigueras que tanto te sedujo? ¿Aceptaste el camino que te abrieron sin dudarlo?

Jorge Castañón: Descubrí el camino que siempre está más lleno de incertidumbres que certezas, el lugar en dónde se aprende mucho más de los errores que de los aciertos tempranos. Toda mi persona sentía que ese era el nuevo camino.

Los materiales que utilizas y la forma de usarlos sugieren un proceso de trabajo tipo bricolaje. ¿Cómo se desarrollan tus piezas en el banco de joyero? ¿Partes desde el principio de una idea, de una historia o de un sentimiento previos que quieres expresar?

Jorge Castañón: No tengo una sola forma de trabajar. Llevo siempre conmigo una libreta para apuntar ideas o dibujar imágenes que puedan aflorar en cualquier momento. Tengo ya decisiones que fui tomando con respecto a mi narrativa, a mi poesía, muchos cuencos que dan posibilidad a nuevas presencias.

En tu trabajo en metal siempre has sentido una especial preocupación por experimentar con el color y por cambiar el aspecto final de las superficies. ¿Cómo te planteas el uso del color en las piezas de madera y qué crees que aporta a la fuerza expresiva de la pieza?

Jorge Castañón: La mayoría de los colores presentes en las piezas son de origen, ya sea por el color original de la madera o por el color que tenía al encontrarla. Por ahora agrego dos colores fundamentales. El primero es el amarillo intenso, mi color preferido, y el otro es el rojo, los uso según sienta la necesidad y si creo que van a aportar.

Cuando te preguntan sobre los fragmentos de madera que recoges, comentas que sientes la necesidad de rescatar ciertos objetos y darles una segunda vida, una voz, de reescribir una historia. ¿Qué es lo que te evocan y te lleva a seleccionar esos fragmentos concretamente entre cientos de otros? ¿De qué te hablan?

Jorge Castañón: Me hablan de la profunda creencia que tengo de que el hombre debe trabajar de manera desesperada para crear su segunda y decisiva “segunda oportunidad”, a él estoy haciendo referencia todo el tiempo, a nosotros y a nuestra inconciencia de adultos, a que debemos crecer más temprano que tarde.

David Attenborough, un naturalista inglés que admiro y respeto, con sus 90 años dijo hace poco algo muy real para este tiempo, “Vivimos en un mundo finito. Creer que, en este mundo finito, el recurso es infinito, corresponde a dos categorías de personas, una a que esté totalmente loca y la otra a ¡un economista!”

Volviendo a esos fragmentos, creo que muchos de ellos me eligen a mí.

El universo poético y estético en el que te mueves -fragmentos de madera rescatados, contenedores precarios de colores delicados, pedazos naturales y tranquilos- sugiere una cierta atmósfera nostálgica relacionada con el tema universal “Tempus fugit”. ¿Qué significado tienen para ti esos pequeños y ocultos espacios vacíos?

Jorge Castañón: Sin duda que siento esa finitud. Mi padre murió de manera súbita. Es el aprendizaje más veloz que tuve en mi vida. Como en ese juego de niño en donde desaparecemos y aparecemos, infinitas veces, hasta que el juego choca con la realidad de la muerte.

Los cuencos, los espacios, son la reacción que tuve cuando me pidieron que hablara de la abundancia, entonces comprendí que quería hablar de lo que falta, del vacío, no de lo que sobra. Hay mucha gente en este mundo en estado de necesidad, necesidades esenciales, vacíos sin llenar, lugares dónde poner sus preguntas, sus por qué.

Titulas muchas de tus piezas con nombres de sentimientos como Vacío, Fragilidad, Ilusión. ¿Es para hacerlos tangibles, presentes?

Jorge Castañón: Creo que sí. Me pongo delante de las piezas terminadas, y siento que su título no es un tema menor. Verbaliza un sentimiento.

Me gustaría que me explicaras un poco más sobre dos piezas concretas: Número, en el que la etiqueta numerada establece un fuerte contraste con la poesía de la pieza, y Cuánto pesa la ausencia. Las dos hacen referencia a la ausencia de forma distinta…

Jorge Castañón: En “Número”, la etiqueta es la parte que golpea a la ilusión de ese mundo a cambiar, la crudeza de que todos de una manera u otra, cruelmente nos convertimos en un número, con nuestro pasaporte, por ejemplo. La etiqueta la encontré a la salida de una fábrica.

“Cuánto pesa la ausencia”, es una pieza muy sentida por mí, se podría decir que la fui haciendo mientras procesaba el dolor de perder una querida amiga. Es la insoportable levedad del ser, como decía Milan Kundera.

¿Nos podrías descubrir algunos de los nuevos elementos personales que estas barajando en las piezas que actualmente te esperan en tu banco de trabajo?

Jorge Castañón: A esta altura, mi taller está lleno de cajas y recipientes con cosas que camino una y otra vez, tal vez esperando que alguna me llame, me dé una señal.

¿Me podrías describir una imagen que te haya impactado recientemente? ¿Un hecho o noticia del mundo actual en el que vivimos que te haya impresionado de modo especial?

Jorge Castañón: La imagen de estos tiempos que impacta sin ninguna duda es la que involucra a miles y miles de inmigrantes que buscan nuevos horizontes, escapando a todos los lugares posibles para poder tener esa nueva oportunidad de vida con dignidad, arriesgando sus propias vidas.

INDEX IMAGE: Jorge Castañón, Color, 2014, ring, toronja (grapefruit) wood,  lapis lazuli, avocado pit, turmeric, nazarene, 40 x 60 x 40 mm, photo: Damián Wasser