Vanesa Pérez Cepeda

Vanesa Pérez Cepeda, joyera ganadora del premio Joya Argentina de la IV Bienal Latinoamericana de Joyería Contemporánea, obtuvo como parte de su premio una exposición en Tinkal Lab, la galería que Ana Pina gestiona en Oporto, Portugal.

Hoy nos cuenta, deliciosamente, sus reflexiones sobre la experiencia vivida, que van mucho más allá del evento en sí.

Sumérjanse en este relato, y hagan sus propias reflexiones.

Me pidieron armar una crónica de la Exposición en Portugal. Me pregunto qué cosas pueden importar a quien lea, qué cosas quiero que importen. No sé si tanto será posible; sí, entiendo que el viaje empieza siempre antes.

Punto de partida, de dónde vengo.
Soy santafesina, vivo a 500 km al norte de Buenos Aires, sobre el borde de la Laguna Setúbal (cuenca del rio Paraná). Quizás no es tanto para las dimensiones de Argentina, pero eso te pone en otra esfera más periférica aún.

En estos tiempos (con el inicio en el Peto que ganó el Premio Joya Argentina en la IV Bienal de Joyería Latinoamericana) estuve indagando en la idea de los paisajes personales; no sólo el paisaje urbano o natural, sino también el paisaje como los cuerpos, las casas, las costumbres, las palabras que nos construyen.
La identidad como algo que nos atraviesa y nos da forma sin percibirlo tan profundamente.
De eso trataron estas piezas.

Había hablado con Ana sobre qué mostrar en la exposición; piezas relacionadas con el Peto, pero con un sentido más comercial. Me embarque en un proceso que desconocía, no tenía esas piezas. Ahí comenzó la travesía, la búsqueda de entender qué piezas podían convivir con el peto; que cosas quería llevar al otro continente.
Llevé joyas hechas de bolitas cerámicas tejidas con hilos, joyas que llevan el alma de barro de mis orillas, cocinadas en un horno de leña donde el fuego y el humo les da su coloración (formas de la cerámica precolombina); unidas por hilos, algunas tejidas con técnicas de cestería similares a las técnicas quom tradicionales del litoral. Recuerdos abstractos de remolinos y meandros, de nidos de loros, del reflejo de la superficie, del timbo y el hornero.
Te asaltan dudas antes de partir.
Me di cuenta que no le había mostrado a nadie lo que llevaba.
Siempre se trabaja en el taller, en solitario, con la cabeza metida en el trabajo. Salir, te hace bien, te da perspectiva.
El Peto me acompañó en el viaje; es una pieza que sigue hablando por sí sola, no necesita explicación, cada uno la puede significar infinitamente , tiene su propio diálogo.

Europa. Llegás y sabés que las cosas están ordenadas. Igual te sorprende.
Portugal, Europa, son realmente otro mundo; estuve otras veces en Europa, no en Portugal, no como artista joyera; esta vez reconocí más profundamente que vivimos en otras complejidades, que nuestra cabeza está atravesada por otro ecosistema y otras cosmovisiones, más ruido e incertidumbre. Me encontré con el transporte público, eléctrico, la cantidad de espacio público que se habita, la calle relajada, la guerra (que para mí estaba cerca) la sociedad atravesada por la migración; cuántas preguntas posibles, cuántas distancias nos faltan salvar y sobre todo escucharnos, en definitiva todos somos parte de este mundo.
La vida parece más fácil o la nuestra se fue volviendo más difícil. A veces lo obvio nos asombra, quizás el problema es nuestro.
Así llegue, con asombro y un vocabulario de playas cariocas (el portugués del otro lado suena muy diferente).

La inauguración estaba en el marco de un Evento Cultural de Oporto, donde todas las galerías de Arte y Joyería de Rue Bombarda abren e inauguran diferentes exposiciones durante toda esa tarde noche. Eso hace que mucha gente esté recorriendo, hay visitas guiadas, fluye, pasan muchas personas; se dan charlas, preguntas, no sé si supe contestarlo todo, quizás pensé cosas que no dije y dije cosas que no pensé.
Sólo recuerdo detalles de la inauguración, momentos fugaces, charlas con algunas personas, percepciones; las copas de vino con que brindamos, algunas palabras de la presentación, el sonido de las palabras en portugués, el muro blanco minimalista (que Ana pensó y organizo tan hermosamente) con los collares colgados como grafías, los tejidos apoyados, acomodados por color.
Las inauguraciones siempre son torbellinos de ideas y emociones; charlas, gestos. A veces uno no está lo suficientemente preparado (el idioma no fue una barrera, igual para la próxima tengo que tener el inglés más fresco).
Después, como siempre, te queda la cena con Ana (los platos que compartimos) y un encuentro más distendido, y la cerveza posterior con sus amigos; al final siempre importan los encuentros.
Quizás no tuve o no tengo dimensión, en estos momentos pienso en mis piezas que siguen colgadas en las paredes del Tincallab en Oporto, y me emociono (se me escapa la provinciana que se sorprende de sí misma).

Ahora que volví puedo entender aquellas piezas que quedaron expuestas como una huella del litoral, que habla de aquel litoral anterior (prehispánico) y también de su transcurso en el tiempo; que cuenta la precariedad y fortaleza de nuestro paisaje a través de estos materiales cotidianos (hilos de coser y cerámica) en estas técnicas ancestrales de tejido.

Somos paisajes, nos rodean y nos penetran olores, historias; y aunque no lo vislumbré en su dimensión mientras producía, ahora veo las huellas profundas que uno lleva consigo y que el arte hace que podamos hacer florecer.
No nos olvidemos de tocar, mirar, preguntar, hablar, crear; de eso se trata.
Lleve el Paraná a otras costas, con la valija (siempre la más chica posible) y la muestra guardada en un tupper. Eso (para los que vivimos tan al sur del planeta), por sí solo, es una proeza.

Soy un rio, atravesé los mares, fui a la orilla del Duero, y volví; de nuevo estoy en el taller, con nuevos inicios, reescribiendo esta cartografía artística, sedimentando estas experiencias, nuevas orillas, nuevos bordes. seguir siendo todos los paisajes que uno habita mientras va siendo todas las vidas adultas que entran en una vida adulta; que siga la travesía.

Agradecimientos
A todos los que posibilitaron estos cruces.
A Ana Pina por armarlo todo, ser tan buena anfitriona, el espacio tan bello, las charlas.
A Joyeros Argentinos y la Bienal por pensar y construir este premio, a todas las experiencias que empezaron con la bienal, la importancia de encontrarnos, brindar espacios, vernos.
Que sigan ocurriendo estos momentos, escuchándonos, el mundo necesita más formas de entender que somos diferentes y también que somos iguales.

De pronto sentí el río en mí,
Corría en mí
Con sus orillas trémulas de señas,
Con mis hondos reflejos estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes,
Era yo un río en el anochecer…

Juanele


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